Su nombre Coprinus
–del
griego kopro– significa literalmente “vivir
del estiércol”, una denominación que le viene como anillo al dedo, dado que se
nutre de la materia orgánica, rica en nitrógeno, que encuentra en su hábitat.
![]() |
La Coprinus comatus en el campo |
Curiosamente, con las esporas de esta seta, al descomponerse, se puede fabricar una tinta que, durante el medievo, fue empleada con profusión. De su importancia dan fe muchas miniaturas de la época, que nos muestran al diablo tratando de robar este preciado producto. Recientes investigaciones han encontrado trazas de tinta de este hongo en los manuscritos del Mar Muerto y en el Evangelio perdido de Judas.
![]() |
Monge en su scriptorium |
Durante la Segunda Guerra Mundial, la línea que separaba la
vida de la muerte era muy delgada. Disponer de un documento o pasaporte que
permitiera el libre movimiento por la Alemania nazi o la Francia ocupada era un
lujo que no estaba al alcance de cualquiera y que podía evitar la deportación a
los tenebrosos campos de trabajo alemanes.
![]() |
Pasaporte alemán |
Lo que este buen hombre no sabía es que el contraespionaje
nazi contaba entre sus filas con un aliado de excepción, el hongo Coprinus comatus. El servicio de inteligencia
teutón descubrió por pura casualidad que, mediante el uso de su tinta, se podía
verificar la autenticidad de los documentos alemanes. El proceso que las
autoridades nazis llevaban a cabo era muy sencillo: a la tinta habitual que
usaban para redactarlos, añadían la tintura obtenida a partir del hongo.
Para verificar posteriormente la autenticidad de un
documento, bastaba con analizar su escritura bajo un microscopio: si se encontraban
trazas de esporas, la legitimidad era incuestionable. En caso contrario estaban
ante una falsificación y el portador acabaría malamente su aventura.
De esta forma, el Coprinus
comatus se convirtió en un involuntario cómplice en aquel mundo de
pesadilla nazi.
4 comentarios:
Gracias, maestro, por tan ilustrativo artículo...pero, en realidad, a mí, las setas que me interesan son las comestibles y me parecería un crimen imperdonable convertir una amanita cesárea, por poner un ejemplo, en tinta o similar.
Todo esto me lleva a reflexionar la cantidad de veces que el ser humano ha comido guarrerías para acabar discerniendo que la cesárea es una delicia, mientras que la phalloides mata o el chipirón de monte puede ser desviado de su destino lógico, que es ser degustado, para convertirse en tinta.
Excelente historia, gracias por compartir.
Saludos desde Uruguay
Muy interesante. Según wikipedia, Kaminsky solía decir: "Manténganse despiertos el mayor tiempo posible. Luchen contra el sueño. Los cálculos son fáciles: en una hora, hago treinta documentos falsos. Si duermo una hora, treinta personas morirán".
Esta mañana he puesto la radio. Anunciaban a todo trapo fútbol (copa del rey, nosecuantosavo de final) desde las 12 de la mañana hasta la una de la madrugada. Imaginad qué país tan distinto podríamos llegar a ser si hubiera más programas que contaran historias como la de Kaminsky y sus falsificaciones, el código Enigma, el acoplamiento del Apollo y la Soyuz en el espacio, la exploración del Polo Sur... Bueno, os dejo que comienza el Fuenlabrada-Leganés.
Curiosa historia y nunca mejor dicho. Me ha encantado, ya que desconocia la existencia de dicho hongo y lo importante que fué en determinado momento para la historia de la humanidad.
Un abrazo, Fe.
Publicar un comentario