¿Estupidez, incompetencia o ambas?
La “ineptocracia” es una palabra de origen francés referida al poder de los estultos [1] e incapaces:
“Ineptocracia: Sistema de gobierno en el que los menos capaces de gobernar son elegidos por los menos capaces de producir, y en el que los otros miembros de la sociedad, menos aptos para procurarse su sustento, son recompensados con bienes y servicios pagados con los impuestos obtenidos confiscando la riqueza y el trabajo de un número de productores en continua disminución.” [2]
Para algunos, la “ineptocracia” vendría a ser una derivada de las cuatro operaciones matemáticas que enseñan en primaria a políticos de la izquierda carca que van para progresistas: la adición de nuevos impuestos, la reducción de los beneficios, la multiplicación de los funcionarios y el reparto de cargos y prebendas entre parientes y amigotes.
El principio de Peter que gobierna las organizaciones humanas y, por tanto, la política, puede explicar la evolución de los gobernantes hacia la ineptocracia: "Todo empleado, funcionario o gobernante tiende hacia su máximo nivel de incompetencia de modo que, con el tiempo, todo cargo será ocupado por un lerdo incapaz de desempeñar sus tareas y asumir sus responsabilidades”.
Contra lo que pudiera creerse, la democracia no favorece ni mejora la competencia de los gobernantes, sino su capacidad para seducir al votante con propuestas demagógicas, poco realistas y casi siempre engañosas.
El catedrático de ciencias políticas Serge Schweitzer, de la Universidad de Marsella, se opone a la idea de que los políticos son idiotas. Por el contrario, cree que muestran un ingenio excepcional para meter la mano en la caja de la plata —el dinero de sus compatriotas— aderezado con una envidiable pedagogía sobre el deber fiscal, el retorno al estado del bienestar, la marginación de los opositores políticos, el entorpecimiento de la legislación para hacerla lo más oscura posible, la concesión de privilegios a ciertas minorías, incluidos seudoterroristas e indepes declarados, colectivos LGBTI y otros de similar patrón.
Los “ineptócratas” son maestros, igualmente, en el arte de apropiarse de los éxitos alcanzados por empresas y organizaciones privadas y, cuando toca, culpando de sus fracasos a la sociedad civil o a ciertos grupos tomados como chivos expiatorios.
Donde hay poder, hay ineptos, y en esta España de mis amores —y en otros amores que tengo por el mundo mundial— no podían faltar. Enriscados en sus poltronas, mienten hasta en la tesis supuestamente doctoral del presidente okupa. La tropa que lo enamora no le va a la zaga: la ministra de cultura —con minúscula esta vez— comete dos faltas de ortografía en el mismo tuit, el de universidades y no sé el qué, astronauta, es incapaz de hilvanar sujeto, predicado y complemento directo para explicar cómo trató de defraudar unos eurakos al fisco [3], la del ejército no sabe qué hacer con unas bombas inteligentes comprometidas con los árabes de Arabia, tan inteligentes ellas —las bombas— que no matarán yemeníes….
Esto es lo que hay y hay mucho más [4], pero he terminado el folio.
IMÁGENES: Arriba, nuestro presidente viajando en avión oficial a Castellón, al concierto de The Killers en el Festival Internacional de Benicàssim. El que le acompaña se parece a Puigdemont, por el flequillo, pero no puede ser, claro, porque ahora vive en Bruselas, riéndose de sus colegas encarcelados. Abajo, supuesto gobierno de supuestos ineptócratas. Al ministro de la derecha de la foto, otra ministra de su mismo gobierno le llamó “maricón”, pero no pasó nada por aquello de la libertad de expresión, el progresismo, la lealtad y otras milongas. ¡Qué cosas!
[1] “Del latín estultus: necio, tonto… Un ignorante que no sabe lo que podía o debía hacer, un imprudente temerario, un terco porfiador completamente falto de razón, un idiota, escaso de entendimiento…” (La llave del mundo).
[2] Definición atribuida por error a Jean d'Ormesson. No tiene un origen claro. El término fue utilizado por primera vez por el político laborista inglés Paul Flynn en 2011, aunque ya circulaba por internet desde unos años antes.
[3] Trató de autoalquilarse una vivienda de su propiedad, pero le pillaron.
[4] Como el caso de otra ministra que dijo que el dinero público no es de nadie. Claro, por eso tratan de apropiárselo.
Fuentes: Blog 365palabras, J.M. Otero en el diario ABC Madrid, Wikibéral y Read my day.
4 comentarios:
El escrito de hoy no tiene desperdicio, te felicito, lo que no es explicable es lo imbéciles que somos los votantes, nos engañan una y otra vez y no escarmentamos.
Un abrazo.
Buen día. Inicié la lectura: La Ineptocracia, La virgen del Pilar y la Tecnología de la Edad de Piedra. (Yo también hice radios de galena en mi juventud).
En Guatemala existe, en la temática del Gobierno, la ineptocracia, que va desde la cabeza hasta los pies.
Te comento que en Guatemala un analista político llamado Enrique Godoy acuñó un término relacionado: PISTOCRACIA.
Para Guatemala PISTO es sinónimo de dinero. No tengo pisto: No tengo dinero.
Saludos.
¡Qué bueno, ché!
Por acá hay mucho de eso: una epidemia.
Magistral descripción de lo que ocurre por allá y por acá. Por algún lado ley que las ideas son como un virus que se expande cual peste por el mundo, con mayor razón si tiende a reducir el trabajo productivo
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