No eran romanas ni griegas ni egipcias.
Las primeras recetas de cocina fueron escritas en Mesopotamia
mucho tiempo atrás.
Siglos ha, relieves y pinturas de templos, tumbas y pirámides de faraones, nos legaron su afición por el refinamiento en la alimentación, sus costumbres y tradiciones, pero no recetas de cocina. Más tarde, Homero, en La Ilíada y La Odisea (s VIII a.C.), nos aporta detalles sobre lo que comían aqueos y troyanos, igualmente sin rastro de recetas.
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Fresco de un ágape romano. (Catacumba de Domitila en Roma) |
Así andaba la paleococina hasta que aparecieron las llamadas
“tablillas de Yale”, tres tabletas de arcilla, datadas hacia 1700 a.C.,
provenientes de Mesopotamia y actualmente guardadas en la Universidad de Yale. Fueron
escritas en caracteres cuneiformes por personas que habitaron un árido
territorio repartido entre Irak y los ríos Tigris y Éufrates.
Pues bien, en estos pictogramas nos transmitieron las
costumbres sociales y culturales de la época, su manera de vivir, de comerciar,
de trabajar… y las recetas de cocina más antiguas de la humanidad. Por cierto,
los cocineros se llamaban nuhatimmu
que en lengua acadia significaba “embellecedor”. No me parecen mal adjetivados.
Gracias a estos mensajes, nos enteramos de unas albóndigas que Asurbanipal II [1] ofreció durante la inauguración del palacio de Kalhah, la nueva capital del reino de Asiria, evento considerado como el primer gran banquete de la historia (s IX a.C.). El rey se refería así a los cerca de setenta mil invitados que participaron en este agasajo [2]: “…a los que di de comer y de beber y les proporcioné lo necesario para su disfrute. ¡Así les honré antes de enviarlos a sus casas en buena armonía!"
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Cocineros trabajando en las cocinas reales de Babilonia |
Está redactada para trabajarla a cuatro manos, repartiendo las tareas entre el cocinero y el pinche: “Si quieres cocer un pichón en su caldo, después de sacrificar el pichón calientas el agua y lo desplumas. Una vez desplumado, lo lavas bien. Entonces yo le corto el cuello y tú le deshuesas por los costados. Lo abro por el lomo y le saco la molleja y los menudillos, yo lavo su interior y tú lo metes en remojo en agua fría […]. Pongo a asar los muslos a fuego vivo, los envuelvo con pasta y coloco el pichón extendido sobre una fuente […]. Para preparar el caldo, dispones en un caldero la molleja, los menudillos, los intestinos y la cabeza, así como el trozo de carne de cordero, y lo pones todo al fuego. Una vez cocido, aparto del fuego la marmita y, antes de que el caldo se haya enfriado, frotas tú la carne con ajo, hojas verdes y vinagre…”
Tres mil años después, algo complicado y escasamente apetecible.
[2] Ofrecido a los habitantes de la nueva ciudad, dignatarios extranjeros, invitados procedentes de sus tierras y la corte del rey.
Fuentes: (i) Esmeralda Escobal en Mantel Bleu, (ii) La Boca Magazine en Madrid Guía Gastronómica, (iii) Chistine Sétrin en Bibliotecas de Vila Real y (iv) Natalia
Silva Prada en El Tiempo Blogs.
Imágenes: Biblioteca de Vila-Real y El Tiempo Blogs..
3 comentarios:
Habría que probarlo, pero lo de conseguir pichones está complicado hoy en día. La alternativa son las albóndigas, pero de ellas no hay receta.
Curiosidades de la historia gastronómica. En casa de mi madre, cuando ella era joven, comían con cierta frecuencia, pichones. La receta la desconozco, ya que ahora no es habitual poder adquirirlos.
Un abrazo.
Hola Buen dia y buen año.
Espero se estén cuidando para evitar al Covidiano.
Me agradaron artículos como el de la navidad, los números y las albondigas de Asurbanipal.
Gracias por tu esfuerzo en mantener nuestra buena costumbre del leer.
Buen y saludable año 2021. Con la vacuna creo que hay una luz en el tunel
Bendiciones.
DArío Castillo- Guatemala-Centroamérica
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