La coma,
estratégicamente situada entre Nobel y Ramón, deja claro que Ramón no es premio
Nobel. Mi mujer tampoco. Sin embargo, cualquiera de los dos sería candidato
válido si la Academia Sueca decidiera establecer un nuevo galardón para premiar
la mejor elaboración de esta joya gastronómica: la croqueta.
A modo de
introducción, dejar aquí constancia de las ideas del premio Nobel Finn Kydland,
quien asegura que sus “recetas” —de economía en este caso—, sirven
igual para una taberna del Tubo de Zaragoza que para una empresa de ingeniería
aeronáutica: “La clave para salir de esta crisis es retener el capital humano,
el talento: Si a un bar le ha ido bien por sus croquetas, lo que no debe hacer
es despedir al cocinero que las prepara en su punto perfecto de bechamel”. Se
ve que el noruego entiende.
Una asociación donó 5 400 croquetas para generar "sonrisas anticrisis". |
Aunque la
tortilla de patata, con o sin cebolla, es la tapa preferida de la mayoría de
los españoles, la croqueta ha logrado hacerse un hueco, bien merecido, en las
barras de los bares. De hecho, es la tercera tapa más consumida en España, por
detrás de la tortilla y las patatas bravas, según un reciente estudio de
mercado.
El sabor más
demandado es el de jamón. Y es que, por muchas variedades novedosas que nos
ofrezcan, este sabor clásico siempre triunfa. De hecho, según el estudio, ocupa
el 60% de la cuota de mercado. Le siguen las croquetas de boletus, las de
pescado, las de pollo, las de queso, las de marisco y, por último, las de
verduras. A mí, sinceramente, las que me van son las de gambas o camaroncitos
con cebolla y su deliciosa bechamel que elabora mi mujer.
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Croquetas a dedo. ¡Faltaría más! |
Por dilucidar,
cómo se comen: con la mano o con tenedor. Ramón lo tiene claro: “Está perfectamente
admitido comer las croquetas con los dedos, aunque también se pueden comer con
tenedor... Sólo depende de dónde y con quién se coman. Lo que podría resultar
fuera de lugar en una comida de negocios, puede ser un elemento de complicidad
en una cita íntima. Recomiendo mirar con atención los labios ligeramente
brillantes, por el aceite de la fritura, de quien comparte con uno el pecado de
gula y la barbarie primitiva de las croquetas comidas a dedo, invitando a otros
y más deliciosos pecados”.
Buen provecho y
buena suerte.
[1] En otros países varía un poco su nombre: kroket (Holanda), krokett
(Hungría), korokke (Japón), croquete (Portugal / Brasil), kroketten (Alemania), y croquette en
inglés, entre otros. En España, de forma coloquial, hay gente que pronuncia mal
este producto y lo llama “cocreta”.
[2] Mi amigo Ramón Tejeiro, como él mismo refiere en su libro “De la cocina y otras sensualidades” es, entre otras
muchas cosas, un especialista en croquetas, las cuales he tenido el gusto de
disfrutar cuando la vida nos ha juntado en algún país de por ahí. Les dejo su
receta para que ensayen, a descargar desde aquí.
Fuentes: La
Vanguardia (Comer), Heraldo (Gastronomía), La Ventana (Cadena SER Radio), Croquetas Ricas
(Tienda online de croquetas), La Nueva España y De la cocina y otras sensualidades, Ramón Tejeiro, Cultivalibros, Madrid 1013.
6 comentarios:
Gracias maestro por el tratamiento que me otorgas...a punto del Nobel, por cierto. Te debo unas croquetitas en cuanto el destino lo permita. Un abrazo
Y qué rica estaba la masa de croqueta cruda que le cogíamos a la abuela cuando se daba la vuelta, que luego salían menos croquetas de la cuenta!
Ya veo que tienes un nivel de sapiencia culinaria importante. Las croquetas de cocido, también están deliciosas.
Un abrazo.
Si váis por Zaragoza, no os podéis perder la Taberna Doña Casta en el Tubo, también conocida como "La croquetería". Las croquetas de arroz negro con alioli están impresionantes.
"este pequeño objeto de deseo que parece tan nuestro", eres grande Félix!
Las croquetas no merecen menos que una entrada como ésta.
Confesaré que yo también era de las que me comía la masa cruda a escondidas, cuando se dejaba reposar tapada con un paño...
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