11 julio 2020

El Nobel, Ramón, mi mujer y las croquetas

La coma, estratégicamente situada entre Nobel y Ramón, deja claro que Ramón no es premio Nobel. Mi mujer tampoco. Sin embargo, cualquiera de los dos sería candidato válido si la Academia Sueca decidiera establecer un nuevo galardón para premiar la mejor elaboración de esta joya gastronómica: la croqueta.

A modo de introducción, dejar aquí constancia de las ideas del premio Nobel Finn Kydland, quien asegura que sus “recetas” de economía en este caso—, sirven igual para una taberna del Tubo de Zaragoza que para una empresa de ingeniería aeronáutica: “La clave para salir de esta crisis es retener el capital humano, el talento: Si a un bar le ha ido bien por sus croquetas, lo que no debe hacer es despedir al cocinero que las prepara en su punto perfecto de bechamel”. Se ve que el noruego entiende.

Una asociación donó 5 400 croquetas
para generar "sonrisas anticrisis".

Esa deliciosa receta a base de pollo, jamón, camarones o cualquier cosa, este pequeño objeto de deseo que parece tan nuestro, en realidad tiene su origen en Francia. Su nombre proviene de la onomatopeya croquer, que significa crujir, y la primera referencia escrita data de 1817, de manos de Antonin Carême, un cocinero de Luis XIV que sirvió sus exquisitas croquettes à la royale durante un banquete [1]. Otros dicen que fue Louis de Bechamel la persona que la creó. Lo que está claro es que, en España, esta elaboración es la reina de la cocina de aprovechamiento.

Aunque la tortilla de patata, con o sin cebolla, es la tapa preferida de la mayoría de los españoles, la croqueta ha logrado hacerse un hueco, bien merecido, en las barras de los bares. De hecho, es la tercera tapa más consumida en España, por detrás de la tortilla y las patatas bravas, según un reciente estudio de mercado.

El sabor más demandado es el de jamón. Y es que, por muchas variedades novedosas que nos ofrezcan, este sabor clásico siempre triunfa. De hecho, según el estudio, ocupa el 60% de la cuota de mercado. Le siguen las croquetas de boletus, las de pescado, las de pollo, las de queso, las de marisco y, por último, las de verduras. A mí, sinceramente, las que me van son las de gambas o camaroncitos con cebolla y su deliciosa bechamel que elabora mi mujer.

Croquetas a dedo. ¡Faltaría más!
Las de tu madre o las de la abuela siempre serán las mejores. Eso es porque no cometen algunos de los errores más frecuentes que echan a perder esta deliciosa receta. No preparar una buena bechamel, recalentarlas y hasta freír muchas a la vez, pueden llevarnos al fracaso gastronómico. Por eso he dejado abajo un enlace a la receta de Ramón [2]. Siguiendo los pasos que propone, os quedarán exquisitas.

Por dilucidar, cómo se comen: con la mano o con tenedor. Ramón lo tiene claro: “Está perfectamente admitido comer las croquetas con los dedos, aunque también se pueden comer con tenedor... Sólo depende de dónde y con quién se coman. Lo que podría resultar fuera de lugar en una comida de negocios, puede ser un elemento de complicidad en una cita íntima. Recomiendo mirar con atención los labios ligeramente brillantes, por el aceite de la fritura, de quien comparte con uno el pecado de gula y la barbarie primitiva de las croquetas comidas a dedo, invitando a otros y más deliciosos pecados”.

Buen provecho y buena suerte.


[1] En otros países varía un poco su nombre: kroket (Holanda), krokett (Hungría), korokke (Japón), croquete (Portugal / Brasil), kroketten (Alemania), y croquette en inglés, entre otros. En España, de forma coloquial, hay gente que pronuncia mal este producto y lo llama “cocreta”.
[2] Mi amigo Ramón Tejeiro, como él mismo refiere en su libro “De la cocina y otras sensualidades” es, entre otras muchas cosas, un especialista en croquetas, las cuales he tenido el gusto de disfrutar cuando la vida nos ha juntado en algún país de por ahí. Les dejo su receta para que ensayen, a descargar desde aquí


Fuentes: La Vanguardia (Comer), Heraldo (Gastronomía), La Ventana (Cadena SER Radio), Croquetas Ricas (Tienda online de croquetas), La Nueva España y De la cocina y otras sensualidades, Ramón Tejeiro, Cultivalibros, Madrid 1013.

6 comentarios:

Ramon Tejeiro dijo...

Gracias maestro por el tratamiento que me otorgas...a punto del Nobel, por cierto. Te debo unas croquetitas en cuanto el destino lo permita. Un abrazo

Jorge dijo...

Y qué rica estaba la masa de croqueta cruda que le cogíamos a la abuela cuando se daba la vuelta, que luego salían menos croquetas de la cuenta!

Lourdes Ortega dijo...

Ya veo que tienes un nivel de sapiencia culinaria importante. Las croquetas de cocido, también están deliciosas.
Un abrazo.

Guillermo dijo...

Si váis por Zaragoza, no os podéis perder la Taberna Doña Casta en el Tubo, también conocida como "La croquetería". Las croquetas de arroz negro con alioli están impresionantes.

José Ignacio Fito dijo...

"este pequeño objeto de deseo que parece tan nuestro", eres grande Félix!

Anónimo dijo...

Las croquetas no merecen menos que una entrada como ésta.

Confesaré que yo también era de las que me comía la masa cruda a escondidas, cuando se dejaba reposar tapada con un paño...