No es ningún secreto que algunas tribus de hombres primitivos que poblaron la faz de la tierra vivieron, procrearon y murieron por estas alturas pirenaicas. Numerosas muestras de carácter funerario dan prueba evidente de su paso, dejándonos un legado de gran valor: los dólmenes.
Se trata de un enterramiento prehistórico construido por los
primeros pastores trogloditas, apenas humanos. Conocemos algo de aquella cultura
gracias a estos imponentes testimonios neolíticos de pesadas piedras,
levantados, probablemente, con mucho esfuerzo y alguna dosis de ingenio. Los
dólmenes representan una actitud espiritual ante la muerte, diferente a todo lo
conocido hasta entonces.
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Dolmen de la Losa Mora |
Cuenta la leyenda que un rey moro se enamoró perdidamente de
una joven cristiana habitante de aquellos contornos. A pesar de la oposición de
su familia, que veía imposible el amor entre dos personas que rezaban a dioses
diferentes, ella le correspondía con la misma intensidad.
Una mañana, los enamorados decidieron huir a caballo, ella a
la grupa, hacia algún lugar lejano donde pudieran amarse sin nada que temer. Algunos cristianos los vieron enfilar el
camino del norte, e iniciaron una implacable persecución. Tardaron poco en acortar
distancias y una lluvia de flechas apuntadas a la pareja partió de sus
ballestas.
En un recodo del camino, los enamorados pusieron pie a
tierra y se escondieron con su jadeante montura entre grandes arbustos. Los perseguidores
pasaron de largo y el ruido de los cascos de sus caballos se perdió en la
lejanía. El rey moro, feliz por haber logrado despistarles, giró la cabeza de
su amada para admirar su belleza una vez más. Sin embargo, contempló horrorizado
cómo, en ese mismo instante, ella exhalaba su último suspiro: una de las
flechas había partido el corazón de la joven.
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Hilandera (Jorge Martínez Jordán) |
Los perseguidores, conmovidos, lo sepultaron en la misma
tumba que él había construido para su amada y que, desde entonces, se conoce
como el dolmen de la Losa Mora.
Existe otra versión mucho menos romántica. Cuentan que pasó por allá una hilandera o filadera gigante, llevando en la cabeza una gran piedra en equilibrio, a modo de parasol, mientras hilaba. Cuando terminó su labor y se sentó a descansar, lo hizo entre dos grandes rocas que surgían verticales del suelo. Allí quedó depositada la piedra que llevaba sobre su cabeza y allí continúa, formando el dolmen.
Hay que saber que la hilandera es una figura mágica en la mitología pirenaica que representa la vida y la muerte: mientras hila con su rueca está viva, pero, cuando se le acaba el hilo, muere.
En ese caso, sin hilo, la piedra que portaba sirvió para erigir su propia tumba.
[1] Entre las abandonadas
aldeas de Otín y Nasarre, cerca de Rodellar, dirigiéndonos al barranco de
Mascún, en la provincia de Huesca.
Fuentes: Julia Carrera (diario Heraldo), Sierra de Guara
(guara.org), Piedras sagradas (piedras-sagradas.es), Alquezar Turismo Rural (hotelcastilloalquezar.com)
y FG.
Imágenes: Alquezar Turismo Rural y Escultura Urbana Aragón.
4 comentarios:
Llevas ya escritas muchas leyendas pirenaicas. Creo que deberías recogerlas todas juntas en un blog separado o, mejor aún, en un libro. Un abrazo.
Sí, es una idea a considerar. Gracias.
Gracias Félix,es un placer leer tus historias
Una historia muy bonita.
Un abrazo.
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