En el supermercado, el cajero le dice a
una clienta de cierta edad que debería traer su propia bolsa reutilizable, ya
que las de plástico degradan considerablemente el medioambiente. La señora
pide disculpas, se ruboriza y explica: "Es que en mis tiempos no teníamos
esta moda verde de ahora."
El empleado se crece y responde: "Ese es nuestro problema, señora:
su generación no puso suficiente cuidado en preservar el medioambiente y evitar
la contaminación, y así nos va."
La señora, un pelín mosqueada, le dice: “Tiene
usted razón, en nuestra generación no teníamos conciencia medioambiental como
ahora”.
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Contenedor para vidrio |
“Subíamos las escaleras a pie, porque no había escaleras
mecánicas. Íbamos andando a todos los sitios o tomábamos el tranvía o el
autobús, en lugar de usar el coche para recorrer 200 metros. Los chicos iban
andando a la escuela, sin usar a su mamá o papá como taxista las 24 horas. Por
entonces, no quemábamos gasolina sólo para cortar el césped: usábamos una hoz o
una guadaña o una segadora, a puro músculo. Hacíamos ejercicio trabajando, así
que no necesitábamos ir a un gimnasio para correr sobre cintas mecánicas que se
mueven consumiendo electricidad.
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Ropa tendida en Areguá (Paraguay) |
“En la cocina, molíamos y batíamos a mano, sin máquinas
eléctricas que lo hiciesen por nosotros. Bebíamos directamente del grifo cuando
teníamos sed, sin botellas ni vasitos de plástico desechables cada vez que tomábamos
agua.
“Para proteger algo frágil, usábamos periódicos arrugados en
vez de cartones preformados o burbujas de plástico que no existían. Las
estilográficas se recargaban con tinta de un tintero, en lugar de usar repuestos
plásticos o comprar una nueva, y no tirábamos a la basura toda la maquinilla de
afeitar, también de plástico, sólo porque la hoja perdió su filo.
“Así que me parece lógico que la actual generación se queje
continuamente de lo irresponsables que éramos las gentes de entonces” —concluyó
con ironía, sonriente y tranquila, la buena señora.
“Convertir un árbol en leña arderá para nosotros, pero no
producirá flores ni frutos para nuestros hijos”. (Rabindrath Tagore)
Fuentes: De autor desconocido, esta historia se publicó en distintas fechas en Club Chumbalaka (2011), Rueda, Tierra de Vinos (2013), SW World (2013), Unión de Oficiales GC Profesional (2013), Mamensantaregina (2015), Finca Costillavaca Toledo (2017), Ideal en Clase (2017), Vitoria-Gasteizko Udala (2017), Periodista Digital (2019), Diario Las Américas (2019), Caralladas de Tito’ s (2019), Cotilleando (2019) y en casi otra docena de publicaciones más. Ahora (2020) en este blog, Itineribus, redactada y adaptada al estilo de la casa.
Fotografías: Región Digital (Mérida) y FG en Areguá.
5 comentarios:
Qué grande la señora! Y por si fuera poco ahora el Covid19 dando por saco a todos los objetivos del reciclaje como por ejemplo con los deseños sanitarios.
Buena lección!!
Eran otros tiempos, han cambiado muchas cosas y alguna no para mejor.
Un abrazo.
El caso es hacernos culpables a los ciudadanos del mal estado del planeta. Si hay incendios, la culpa es nuestra. Si hay inundaciones, la culpa es nuestra. Si hay virus, la culpa es nuestra. Quienes no tienen nunca ninguna culpa de nada son los políticos.
La actual sociedad de consumo fomenta una cultura del "usar y tirar" en la que la vida útil de los productos es increíblemente corta. Las facilidades para consumir son tantas que es difícil resistirse...
Los problemas no eran los mismos, por lo que las soluciones han de ser diferentes.
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