08 agosto 2020

Lecciones de ecología

En el supermercado, el cajero le dice a una clienta de cierta edad que debería traer su propia bolsa reutilizable, ya que las de plástico degradan considerablemente el medioambiente. La señora pide disculpas, se ruboriza y explica: "Es que en mis tiempos no teníamos esta moda verde de ahora."

El empleado se crece y responde: "Ese es nuestro problema, señora: su generación no puso suficiente cuidado en preservar el medioambiente y evitar la contaminación, y así nos va."

La señora, un pelín mosqueada, le dice: “Tiene usted razón, en nuestra generación no teníamos conciencia medioambiental como ahora”.

Contenedor para vidrio
Sin prisa, pero sin pausa, prosiguió más o menos así: “En aquel entonces, las botellas se devolvían a la tienda, quien las enviaba a la fábrica para ser lavadas y esterilizadas antes de llenarlas de nuevo, de manera que se podían usar una y otra vez. Así se reciclaban, sin necesidad de contenedores en las calles

“Subíamos las escaleras a pie, porque no había escaleras mecánicas. Íbamos andando a todos los sitios o tomábamos el tranvía o el autobús, en lugar de usar el coche para recorrer 200 metros. Los chicos iban andando a la escuela, sin usar a su mamá o papá como taxista las 24 horas. Por entonces, no quemábamos gasolina sólo para cortar el césped: usábamos una hoz o una guadaña o una segadora, a puro músculo. Hacíamos ejercicio trabajando, así que no necesitábamos ir a un gimnasio para correr sobre cintas mecánicas que se mueven consumiendo electricidad.

“En aquellos años, lavábamos a mano los pañales de los bebés, porque no había lavadoras ni pañales desechables. La ropa se secaba en tendederos, mediante energías renovables como la solar o la eólica, no en máquinas modernas que funcionan a 220 voltios. Los chicos usaban la ropa de sus hermanos mayores. No existían contenedores para ropa usada.

Ropa tendida en Areguá (Paraguay)
“Entonces teníamos una radio o una sola televisión en casa
quien la tenía— con una pantallita del tamaño de un pañuelo, no un televisor en cada habitación con una pantalla como una ventana. Teníamos un enchufe, en lugar de una regleta de enchufes, para alimentar media docena de artefactos. Y no necesitábamos un aparato electrónico recibiendo señales desde satélites situados a cientos de kilómetros de distancia, en el espacio, para ubicar la pizzería más próxima. Nos bastaban las páginas amarillas de la guía telefónica.

“En la cocina, molíamos y batíamos a mano, sin máquinas eléctricas que lo hiciesen por nosotros. Bebíamos directamente del grifo cuando teníamos sed, sin botellas ni vasitos de plástico desechables cada vez que tomábamos agua.

“Para proteger algo frágil, usábamos periódicos arrugados en vez de cartones preformados o burbujas de plástico que no existían. Las estilográficas se recargaban con tinta de un tintero, en lugar de usar repuestos plásticos o comprar una nueva, y no tirábamos a la basura toda la maquinilla de afeitar, también de plástico, sólo porque la hoja perdió su filo.

“Así que me parece lógico que la actual generación se queje continuamente de lo irresponsables que éramos las gentes de entonces” —concluyó con ironía, sonriente y tranquila, la buena señora.

“Convertir un árbol en leña arderá para nosotros, pero no producirá flores ni frutos para nuestros hijos”. (Rabindrath Tagore)



Fuentes: De autor desconocido, esta historia se publicó en distintas fechas en Club Chumbalaka (2011), Rueda, Tierra de Vinos (2013), SW World (2013), Unión de Oficiales GC Profesional (2013), Mamensantaregina (2015), Finca Costillavaca Toledo (2017), Ideal en Clase (2017), Vitoria-Gasteizko Udala (2017), Periodista Digital (2019), Diario Las Américas (2019), Caralladas de Tito’ s (2019), Cotilleando (2019) y en casi otra docena de publicaciones más. Ahora (2020) en este blog, Itineribus, redactada y adaptada al estilo de la casa.

Fotografías: Región Digital (Mérida) y FG en Areguá.


5 comentarios:

José Ignacio Fito dijo...

Qué grande la señora! Y por si fuera poco ahora el Covid19 dando por saco a todos los objetivos del reciclaje como por ejemplo con los deseños sanitarios.

Lourdes Ortega dijo...

Buena lección!!
Eran otros tiempos, han cambiado muchas cosas y alguna no para mejor.
Un abrazo.

Guillermo dijo...

El caso es hacernos culpables a los ciudadanos del mal estado del planeta. Si hay incendios, la culpa es nuestra. Si hay inundaciones, la culpa es nuestra. Si hay virus, la culpa es nuestra. Quienes no tienen nunca ninguna culpa de nada son los políticos.

Anónimo dijo...

La actual sociedad de consumo fomenta una cultura del "usar y tirar" en la que la vida útil de los productos es increíblemente corta. Las facilidades para consumir son tantas que es difícil resistirse...

Ramon Tejeiro dijo...

Los problemas no eran los mismos, por lo que las soluciones han de ser diferentes.