16 mayo 2020

Betelgeuse

Durante un tiempo fui admirador maravillado de su belleza. Jamás se lo dije, ni ella lo intuyó nunca. Se llamaba -se llama- Betelgeuse para la mayoría, Uluriajuak para los esquimales o Basn para los persas. Ella fue y sigue siendo la estrella más hermosa de la constelación de Orión, el Cazador. [1]

Durante mi servicio militar, viví un par años junto al mar, cuando en las rocas aún se podían recoger percebes y mejillones. En la playa, junto a fogatas hechas con madera seca de deriva que el mar aportaba generoso, las noches de guardia transcurrían bajo una increíblemente poblada bóveda celeste que giraba, sin prisa, alrededor de la estrella polar, Polaris, marcando indiferente el norte desde la constelación de la Osa Menor.

Pero Polaris, con ser importante, no es única ni suficiente. En el hemisferio sur, la estrella más cercana a su polo celeste es Octantis, que no resulta de gran ayuda por su poca luminosidad. Allá abajo, los marinos utilizan la constelación de la Cruz del Sur que señala aproximadamente el sur. En el ecuador se pueden ver ambas referencias.

El Manual del marinero de la época, nuestro libro de estudio y formación como futuros servidores de la Marina de Guerra, nos ofrecía los nombres de las estrellas cuya posición en el cielo deberíamos conocer, imprescindibles para navegar cuando apenas los radares comenzaban a amueblar los puentes de mando de nuestros barcos y el GPS y los satélites eran cosa de ciencia ficción.

El buque-escuela español "Juan Sebastián Elcano"
Decía que deberíamos conocer los nombres y posición celeste de las estrellas náuticas, de identificación obligatoria para los guardiamarinas de los buques-escuela y necesaria para establecer la posición del navío en la mar océana [2]. Constituyen un listado tan aterrador como el de los treinta y tantos reyes godos que, en España, nos hacía aprender de memoria algún despiadado profesor. Hablamos de 57 estrellas visibles en uno u otro hemisferio, con nombres tan poco sugerentes como Zubenelgenubi o Rasalhague. Por su intenso brillo, son las primeras en aparecer en el firmamento durante los crepúsculos vespertinos y las últimas en desaparecer por la mañana.

Entre ellas se encuentra mi querida Betelgeuse. Pero ella es distinta. En la constelación de Orión, en los hombros del Cazador, con la espada y el escudo, su luz guio a Ulises en su visita al Hades, una preciosa leyenda que les contaré algún día. Creo que les gustará.

Betelgeuse es la supergigante roja más próxima a la Tierra
Pero el astro de mis sueños se muere [3]. Anoche recordé desconsolado que estaba admirando una estrella condenada. Tan hermosa desde que nació como gigante azul, hace ocho millones de años, Betelgeuse agoniza sin remedio. Se desvanece.

En pocos años cósmicos, su brillo ha perdido casi la mitad de su intensidad, porque está consumiendo su combustible interno. Inevitablemente, va camino del colapso que la hará estallar en lo que los astrónomos llaman supernova: una explosión que durante tres meses iluminará la noche de nuestro planeta desde el hombro del Cazador, tan brillante como la luna llena, y que se irá apagando hasta desaparecer para siempre.

Según los astrónomos, para que eso ocurra quedan algo menos de cien milenios; un suspiro para el impasible cosmos.

Aquella noche triste, ya no estaré para su triste adiós.


[1] En las tablas astronómicas de Alfonso X el Sabio aparece ya como Beldengeuze la estrella más hermosa de esa constelación.
[2] Ayudados con frecuencia por un “star finder” o “buscador de estrellas”, un pequeño instrumento que nos daba una imagen del firmamento si conocíamos la posición del norte y poco más.
[3] Actualmente es una supergigante roja de magnitud 0.50 a unos 500 años luz de la tierra. Se la puede ver junto a Venus, en noches claras. Ver imagen arriba.

4 comentarios:

Lourdes Ortega dijo...

No sabía que te gustaban tanto las estrellas,la astronomía. Un relato conmovedor.
Un abrazo Fé.

Jorge dijo...

Me bajé una de estas apps para mirar el cielo por la noche y ahí estaba, ahí, Betelgeuse, la novena estrella más brillante del cielo, de la constelación El Percebe.

No hombre no, El Percebe no, Orión.

María Susana dijo...

Me encantó tu comentario sobre Betelgeuse
Cuando eramos chicos mi padre siempre nos hablaba de Betelgeuse
Cuidate mucho. Saludos.

Álvaro dijo...

Pobre Betelgeuse, parece que tiene los milenios contados...aunque aún quedan escépticos que piensan que le queda una segunda vida.